Pleito de Diego de Muros, obispo de Oviedo, como depositario de bienes confiscados a comuneros, con García Manrique, vecino de Salamanca, sobre cierta deuda que éste tenía con Pedro González, joyero de Salamanca, exceptuado del Perdón, y apelación de la sentencia dada por Juan Sánchez de Briviesca, alcalde de Casa y Corte.
Diego de Muros reconquistó el favor de Carlos V, por su lealtad a la corona durante la revolución comunera, y, terminada la agitación, recibió la encomienda de juez de los eclesiásticos implicados en la revuelta y se le nombró tenedor de los bienes confiscados a los comuneros. De nuevo se vio implicado en querellas y reclamaciones de la Hacienda Real, comprobándose en ocasiones su negligencia y parcialidad, tachas que conllevaban además condenaciones a resarcimientos en favor de algunos afectados.
Fuente: RAH